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martes, 14 de octubre de 2014

Psicología en la comida

Hay varios factores que ayudan a definir nuestras preferencias en comida, incluso podemos cambiar los alimentos que disfrutamos cuando queramos. Sólo requiere de un poco de tiempo y esfuerzo. 

Lo primero que debemos saber sobre nuestras preferencias en comida es que tienen la influencia genética, la cual  juega un papel muy importante. Cuando nacemos, tenemos preferencia por los sabores dulces, y rechazamos aquellos sabores amargos o agrios.

Los recién nacidos tienen reacciones inmediatas a los sabores dulces y amargos, pero los sabores salados se van desarrollando con el paso del tiempo, esto se debe a que la sal tiene el resto de los minerales que necesitamos para sobrevivir. 

Además somos más propensos a consumir comida chatarra o alimentos altos en grasa, gracias a la gran cantidad de calorías que contienen y porque nos proporcionan energía. 

Algunas investigaciones han demostrado que hay grandes diferencias de género en la comida que elegimos consumir. A los hombres, por ejemplo, aparentemente les gusta la carne, y a las mujeres les gustan los dulces. Esto puede tener una explicación histórica (se sabe que antes de la agricultura, los hombres cazaban y las mujeres recolectaban frutos), probablemente, tiene mucho que ver con cómo vemos los diferentes tipos de comida. 

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestros hábitos alimenticios relacionados a la psicología?

Utilizar platos más pequeños - si utilizamos platos más pequeños nuestra porción parecerá más grande, lo que nuestra mente interpretará de manera en la que nos llenaremos mucho más, cuando en realidad estamos comiendo lo mismo.

Comer más lento - la saciedad que proporcionan ciertos alimentos tarda en aparecer, por lo que es mejor masticar bien, saborear los alimentos, y de este modo también estaremos disminuyendo la cantidad de comida que ingerimos, ya que nos llenaremos más rápido.

Evita las palabras "light" y "diet" - los alimentos light y diet generalmente son comidas llenas de químicos e ingredientes artificiales; cuando vemos alguna de estas palabras, automáticamente pensamos que podemos comer más de estas comidas sin consecuencia alguna, y esto puede llevar a comer de más.

El color también es importantísimo en nuestra percepción. En cuanto a los alimentos, nos ayuda a distinguir los alimentos naturales de los artificiales. 
Por poner un ejemplo, el color azul no tiene mucha cabida entre los alimentos naturales y, por lo tanto, es el color menos apetecible, llegando incluso a provocar rechazo visto en la mesa. Piensa por un momento en un huevo frito con la yema azul. ¿te apetece? La verdad es que a mí no, incluso se utilizan platos azules para facilitar las dietas para perder peso, haciendo que el comensal pierda pronto el apetito.

Por otro lado, colores como el rojo, verde o amarillo, abren casi instantáneamente el apetito, un dato muy útil a la hora de la elección de manteles en nuestra mesa.

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